
BMW ha anunciado un retiro global de cientos de miles de vehículos tras detectar un desgaste prematuro en el interruptor del solenoide del motor de arranque. El problema surge después de un alto número de ciclos de encendido, lo que puede afectar el funcionamiento normal del sistema eléctrico y comprometer la fiabilidad del arranque. El solenoide es una pieza clave dentro del sistema de encendido.
Su función consiste en accionar el motor de arranque mediante un impulso eléctrico que conecta la batería con el mecanismo que pone en marcha el motor térmico. Cuando el interruptor interno sufre desgaste excesivo, puede generarse una resistencia anormal que altera el flujo eléctrico. Ese aumento de resistencia puede derivar en sobrecalentamiento localizado dentro del motor de arranque. En escenarios extremos, el calor acumulado podría provocar un cortocircuito interno.
Técnicamente, esto ocurre cuando el aislamiento eléctrico pierde eficiencia y permite una conducción indebida de corriente, generando temperaturas elevadas en componentes diseñados para operar bajo límites específicos. BMW ha advertido que, en el peor de los casos, este sobrecalentamiento podría traducirse en riesgo de incendio mientras el vehículo está en funcionamiento. Aunque la probabilidad es baja, el fabricante ha optado por una intervención preventiva para evitar cualquier escenario crítico. La recomendación inmediata es no dejar el vehículo desatendido con el motor encendido hasta completar la revisión técnica.
Los modelos potencialmente afectados incluyen distintas variantes de las Series 2, 3, 4, 5, 6 Gran Turismo y 7, además de los SUV X4, X5, X6 y el deportivo Z4. El rango principal de producción abarca vehículos fabricados entre julio de 2020 y julio de 2022, aunque la compañía ha señalado que la trazabilidad exacta puede variar debido a procesos logísticos y reemplazos realizados en talleres. Este no es el primer incidente relacionado con el sistema de arranque.
Meses atrás, BMW retiró unidades por un problema distinto: en aquella ocasión, la causa fue la posible infiltración de agua en el motor de arranque, generando corrosión y riesgo de cortocircuito incluso con el vehículo apagado. La diferencia clave ahora radica en que el origen del fallo está vinculado al desgaste mecánico interno y no a factores externos ambientales.
Desde una perspectiva industrial, este nuevo llamado a revisión refleja la creciente sensibilidad de los fabricantes ante riesgos eléctricos en vehículos modernos. A medida que los sistemas electrónicos se vuelven más complejos, la gestión preventiva de defectos se convierte en una prioridad estratégica tanto para la seguridad del cliente como para la protección de la reputación de marca.
En términos de mercado, la decisión de actuar rápidamente puede mitigar impactos mayores. Aunque un recall de esta magnitud implica costos logísticos y técnicos significativos, la intervención temprana reduce la exposición a demandas, sanciones regulatorias y daños reputacionales prolongados. En la industria automotriz actual, la transparencia y la respuesta inmediata forman parte esencial del estándar competitivo.



