El presidente ruso Vladímir Putin tendría un nuevo palacio, esta vez ubicado en la península de Crimea, según una investigación publicada por la Fundación Anticorrupción (FBK) del fallecido opositor Alexéi Navalny. La existencia de lujosas residencias vinculadas al mandatario ruso ha sido durante años un secreto a voces, con ejemplos conocidos como el palacio de Gelendzhik o el complejo de Valdai, pero el informe apunta ahora a una nueva propiedad de dimensiones y extravagancia aún mayores.

De acuerdo con la investigación, la finca se encuentra en el cabo Aya, una zona aislada y de difícil acceso, encajada en una ladera montañosa con vistas al mar. El complejo incluiría una residencia principal de aproximadamente 9.000 metros cuadrados y un segundo edificio oculto de unos 5.000 metros cuadrados adicionales. La propiedad cuenta además con un paseo privado, un muelle exclusivo y una playa artificial de arena blanca, junto con una plataforma de aterrizaje para helicópteros situada en una zona elevada del terreno.

Las imágenes difundidas por el equipo de Navalny muestran interiores descritos como extremadamente lujosos, incluso para los estándares del propio Putin. Materiales de alto costo, grandes lámparas de araña y obras de arte exclusivas dominan los espacios. Uno de los dormitorios principales tendría 154 metros cuadrados, acompañado de un baño de 50 metros cuadrados. Según la fundación, una escalera y barandillas doradas conducen a un jacuzzi también dorado, desde el cual se puede ver la televisión estatal rusa en un entorno de absoluto confort.

El complejo no se limita a funciones residenciales. El edificio albergaría un hospital privado, una sala de cine, un área de bienestar con piscina, una sala de billar, una bodega, un gran acuario e incluso una sala de criogenia. La casa de invitados contaría con cuatro dormitorios de gran tamaño, además de un salón de belleza, un gimnasio y un bar, configurando un espacio pensado para estancias prolongadas y de alto nivel.

Según la investigación, la finca fue adquirida originalmente en 2007 por la familia del entonces presidente ucraniano Viktor Yanukóvich, quien posteriormente negó haber participado en su construcción. Tras la anexión rusa de Crimea en 2014, autoridades locales señalaron que la propiedad inacabada podría pasar a manos del Estado ruso. Con el tiempo, el control habría quedado bajo el departamento de gestión de propiedades presidenciales, según informes previos.

La Fundación Anticorrupción sostiene que, posteriormente, la finca fue transferida mediante una red de empresas vinculadas a oligarcas del círculo más cercano a Putin, un esquema que, según la organización, se repite en otros casos similares. El complejo de Valdai, por ejemplo, figura oficialmente a nombre de los hermanos Kovalchuk, aliados históricos del Kremlin. 

"¿Por qué Putin sigue necesitando un palacio? ¿Cuántos palacios necesita realmente una persona?”, se pregunta la fundación, subrayando el contraste entre este nivel de lujo y la realidad económica que enfrentan millones de ciudadanos rusos.

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