A pocas semanas de cumplirse el quinto año de guerra, Ucrania atraviesa el invierno más duro desde la invasión rusa. Los ataques masivos con drones y misiles contra la infraestructura energética han dejado a cientos de miles de personas sin electricidad ni calefacción, en medio de nevadas intensas, heladas persistentes y temperaturas nocturnas que caen por debajo de los –20 grados.

Las ciudades de Járkov, Dnipró, Kryvyi Rih y Odesa se encuentran gravemente afectadas, pero la situación es especialmente crítica en Kiev. La capital, con cerca de tres millones de habitantes, se enfrenta al riesgo real de una catástrofe humanitaria si se producen nuevos ataques contra su red energética. En el centro de Kiev, la vida cotidiana se ha transformado en una lucha constante. Personas abrigadas con varias capas caminan con cautela por aceras cubiertas de hielo.

Generadores de emergencia funcionan frente a comercios y edificios públicos, mientras muchos negocios permanecen a oscuras. “No podemos hacer café, solo vender productos horneados”, explica resignada una vendedora en un quiosco sin electricidad. Los cortes de luz se han convertido en parte de la rutina diaria. Desde el otoño, las interrupciones eléctricas se anuncian por horas, después de que Rusia retomara ataques sistemáticos contra subestaciones, centrales eléctricas y plantas de calefacción. El objetivo, según las autoridades ucranianas, es claro: quebrar la resistencia de la población civil.

La situación se agravó drásticamente tras los impactos de misiles balísticos y drones registrados a finales de la semana pasada. Cerca de 6.000 edificios de apartamentos quedaron sin calefacción, afectando a varios cientos de miles de personas. En algunos distritos, los apagones se prolongaron durante días, paralizando el transporte público y dificultando incluso la preparación de alimentos. La falta de calefacción ha obligado a muchos residentes a recurrir a medidas extremas.

En viviendas con cocinas de gas, los habitantes calientan ladrillos sobre las llamas y los envuelven en toallas para usarlos como fuentes improvisadas de calor durante la noche. Incluso donde el sistema de calefacción ha sido restablecido formalmente, muchos radiadores apenas están tibios. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, reconoce que la ciudad atraviesa cortes de emergencia continuos, aunque asegura que los equipos técnicos trabajan sin descanso para reparar los daños.

Actualmente, unos 300 edificios siguen completamente sin calefacción. Para aliviar la situación, las autoridades han habilitado 45 centros de calentamiento operativos las 24 horas y han relajado el toque de queda nocturno para permitir que la población pase la noche en refugios. La crisis también ha reavivado tensiones políticas internas.

El presidente Volodymyr Zelensky ha criticado a la administración municipal por una supuesta falta de preparación, acusación que Klitschko rechaza con dureza. Mientras tanto, las previsiones meteorológicas indican que el frío extremo persistirá durante varias semanas más, lo que hace poco probable que Kiev logre salir de esta situación crítica antes de la llegada de la primavera.

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