
China ha intensificado de forma significativa sus presuntos ciberataques contra Taiwán durante el último año, elevando la tensión en uno de los frentes más sensibles de Asia. Según datos oficiales de Taipéi, en 2025 se registró una media de 2,63 millones de ataques cibernéticos diarios, dirigidos principalmente contra infraestructuras críticas como hospitales, bancos y servicios de emergencia. La Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán informó que el número total de ataques aumentó un seis por ciento en comparación con 2024, consolidando una tendencia al alza que preocupa cada vez más a las autoridades de la isla.
Desde que comenzaron a publicarse estos datos en 2023, el volumen de ataques diarios se ha incrementado más de un 113 por ciento, lo que sugiere una escalada sostenida. Según el informe, muchos de estos ataques no fueron aleatorios. Varios se produjeron de forma sincronizada con maniobras militares chinas cerca de la isla, lo que Taipéi interpreta como parte de una estrategia de “amenazas híbridas” diseñada para presionar y desestabilizar al gobierno taiwanés sin recurrir a un conflicto armado directo. Las autoridades taiwanesas llevan años denunciando esta forma de guerra híbrida, que combina demostraciones de fuerza militar, campañas de desinformación y ofensivas cibernéticas.
En esta ocasión, el impacto fue especialmente notable en sectores sensibles como la energía, los servicios de emergencia y, de manera alarmante, los hospitales. El informe sostiene que estos patrones apuntan a un intento deliberado de debilitar la infraestructura esencial del país y de interrumpir funciones estatales y sociales básicas. El objetivo, según los analistas de seguridad, sería erosionar la confianza pública y probar la capacidad de respuesta de Taiwán ante una crisis prolongada. Otro blanco prioritario fueron los parques científicos, donde se concentra la industria tecnológica más avanzada de la isla. Estos complejos albergan empresas estratégicas del sector de los semiconductores, entre ellas gigantes como TSMC, pieza clave en la cadena de suministro global de chips.
De acuerdo con la Oficina de Seguridad Nacional, los atacantes utilizaron técnicas sofisticadas para robar tecnologías avanzadas y datos sensibles, lo que refuerza la sospecha de un intento de Pekín por acelerar su autosuficiencia tecnológica y reducir la brecha con Estados Unidos en áreas críticas como los semiconductores y la inteligencia artificial. El informe añade que el llamado “ejército cibernético” chino ha ajustado su actividad en paralelo a la presión militar. En al menos 23 de las 40 patrullas militares chinas registradas cerca de Taiwán, se detectaron incrementos simultáneos de ataques digitales, lo que refuerza la hipótesis de una coordinación estratégica.
Desde Pekín, sin embargo, se rechazan categóricamente estas acusaciones. La Oficina de Asuntos de China y Taiwán no respondió a las solicitudes de comentarios, y el gobierno chino niega de manera habitual cualquier implicación en ataques informáticos contra la isla. China considera a Taiwán parte de su territorio y no ha descartado el uso de la fuerza para lograr la reunificación. Taipéi, por su parte, rechaza firmemente las reclamaciones de soberanía de Pekín y sostiene que solo el pueblo taiwanés tiene derecho a decidir su futuro político.
El conflicto entre ambas partes se remonta a la guerra civil china, cuando el gobierno nacionalista se refugió en Taiwán tras ser derrotado por los comunistas. Desde 1949, la isla ha sido gobernada de forma independiente, mientras que en el continente se proclamó la República Popular China. En este contexto histórico y geopolítico, el aumento de los ciberataques refuerza la percepción de que el enfrentamiento entre China y Taiwán ya no se limita al ámbito militar o diplomático, sino que se libra también en el ciberespacio, un terreno invisible pero cada vez más decisivo en los conflictos del siglo XXI.