
El saldo de víctimas por el paso del poderoso tifón Kalmaegi en Filipinas continúa aumentando mientras las autoridades avanzan en las labores de rescate. Al menos 90 personas han perdido la vida y decenas más permanecen desaparecidas tras el impacto del fenómeno, que arrasó zonas enteras con fuertes vientos, intensas lluvias e inundaciones repentinas.
Entre los fallecidos se encuentran seis miembros de las Fuerzas Armadas, quienes murieron al estrellarse un helicóptero militar enviado para evaluar daños y apoyar las tareas humanitarias en una de las áreas más golpeadas. Más de 400 mil habitantes fueron evacuados de manera preventiva mientras el ciclón tocaba tierra con ráfagas cercanas a los 180 kilómetros por hora y marejadas que arrastraron casas, vehículos y cultivos.
Las provincias de Luzón, Visayas y Mindanao reportaron carreteras bloqueadas, derrumbes, postes y árboles caídos, además de apagones que afectaron amplias zonas del país. Aeropuertos locales suspendieron vuelos y varios puertos detuvieron operaciones, dejando aisladas a comunidades enteras. Aunque el tifón se ha debilitado, las autoridades advirtieron que las condiciones continúan siendo peligrosas debido a posibles deslaves y crecidas de ríos en regiones montañosas y rurales.
Equipos de emergencia y voluntarios trabajan entre el lodo y los escombros para localizar sobrevivientes, mientras hospitales atienden a heridos y refugios temporales reciben a miles de familias que lo perdieron todo. El Gobierno filipino declaró el estado de calamidad en áreas gravemente afectadas y ha pedido calma y solidaridad, anticipando que la reconstrucción será larga y desafiante para un país acostumbrado a enfrentar desastres naturales, pero hoy profundamente golpeado.



