
Varios estados árabes y musulmanes reaccionaron con indignación ante recientes declaraciones del embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, relacionadas con el supuesto “derecho bíblico” de Israel sobre amplias zonas de Oriente Medio. Las palabras del diplomático generaron una inmediata respuesta política en una región históricamente marcada por tensiones territoriales y religiosas.
Durante una entrevista, el comentarista Tucker Carlson planteó si, bajo una interpretación literal de la Biblia, Israel podría reclamar extensas áreas del actual Oriente Medio. Ante la pregunta, Huckabee respondió de forma directa que “estaría bien si se llevaran todo”, una afirmación que rápidamente se viralizó. Aunque poco después matizó sus palabras, señalando que la pregunta era irrelevante porque Israel no tenía tales intenciones, el daño diplomático ya estaba hecho.
El embajador añadió que Israel tiene derecho a existir y a vivir en el territorio que actualmente posee. Las declaraciones fueron interpretadas por varios gobiernos como una legitimación implícita de reclamaciones territoriales expansivas basadas en fundamentos religiosos. En una región donde los equilibrios geopolíticos son frágiles, cualquier referencia a derechos históricos o bíblicos adquiere una dimensión altamente sensible.
En respuesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Arabia Saudita publicó un comunicado conjunto respaldado por varios estados árabes y musulmanes. A la declaración también se sumaron la Organización de Cooperación Islámica, la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo. El documento condenó las afirmaciones del embajador estadounidense “en los términos más enérgicos posibles” y expresó “profunda preocupación” por el impacto que tales declaraciones podrían tener en la estabilidad regional. Para los firmantes, el lenguaje empleado contradice los esfuerzos diplomáticos orientados a reducir tensiones.
Analistas señalan que el episodio se produce en un momento particularmente delicado para Oriente Medio, donde múltiples conflictos abiertos y negociaciones en curso requieren extrema cautela en el discurso político. Desde Washington no se emitió inicialmente una corrección oficial más allá de las aclaraciones posteriores del propio embajador. Sin embargo, el incidente podría obligar a matizar posiciones para evitar un deterioro adicional en las relaciones con aliados árabes estratégicos.
Por su parte, Israel no anunció cambios en su postura oficial y mantiene que su política territorial se rige por consideraciones de seguridad y acuerdos diplomáticos vigentes, no por interpretaciones religiosas expansivas.
El episodio reaviva el debate sobre el uso de argumentos históricos o teológicos en asuntos contemporáneos de soberanía y fronteras. En una región donde religión, política y territorio están profundamente entrelazados, cada palabra pronunciada por figuras diplomáticas puede tener consecuencias de gran alcance.



