
El Tribunal de Apelación de París autorizó el lunes la liberación anticipada del expresidente francés Nicolas Sarkozy, apenas tres semanas después de haber ingresado en prisión.
El exmandatario, de 70 años, fue sentenciado a cinco años por corrupción relacionada con presuntos fondos provenientes del régimen libio de Muamar Gadafi, destinados a su campaña presidencial.
Aunque mantiene su inocencia, el tribunal impuso condiciones severas: no podrá salir del país ni mantener contacto con implicados en el proceso judicial. Sarkozy describió su estancia en la prisión de La Santé como “dura y agotadora”, y aseguró que “nunca imaginó vivir algo así a su edad”. Su aparición por videoconferencia durante la audiencia fue un hecho inédito en Francia, mientras su esposa, Carla Bruni, y sus hijos presenciaban el momento en la sala del tribunal.
La liberación marca una nueva etapa en el caso, que continúa generando debate sobre la relación entre política y justicia en el país. Durante su breve reclusión, Sarkozy fue tratado como un prisionero común, aunque aislado y bajo vigilancia constante, medida que provocó protestas del personal penitenciario.
La visita del ministro de Justicia, Gerald Darmanin, generó además polémica y cuestionamientos éticos. La imagen de un expresidente tras las rejas dejó una huella profunda en la política francesa y reavivó el debate sobre la responsabilidad de los líderes ante la ley.



