
Laboratorios de empresas armamentísticas chinas aceleran el desarrollo de sistemas de armas con inteligencia artificial, en una carrera paralela a la de Estados Unidos. Entre los prototipos se mencionan tanques autónomos, “perros” robot con IA y drones de gran tamaño capaces de desplegar enjambres kamikaze.
El impulso creció tras la presentación de DeepSeek, un modelo de IA de código abierto que, según la industria, facilita integrar capacidades avanzadas en plataformas militares sin depender de proveedores externos.
Por qué importa.
El fabricante Norinco habría mostrado un primer vehículo de combate autónomo operado por DeepSeek, lo que sugiere una estrategia para llevar la IA a tierra, aire y mar. La combinación de software abierto con hardware de alto rendimiento —al que China enfrenta restricciones— plantea interrogantes sobre control, verificación y riesgos de escalamiento, además de un posible cambio en el equilibrio tecnológico militar si la integración avanza con rapidez.
Qué sigue.
La prioridad será pasar de demostraciones a operaciones confiables: navegación autónoma en entornos complejos, coordinación de enjambres, resistencia a guerra electrónica y gobernanza sobre uso letal. La presión competitiva con EE.UU. empujará nuevos ensayos, mientras crece el debate sobre límites éticos, salvaguardas y estándares internacionales para sistemas armados que tomen decisiones asistidas por IA.