
El gobierno del Líbano ha anunciado formalmente su intención de desarmar a la milicia de Hezbollah, en lo que constituye uno de los movimientos políticos y militares más delicados en la historia reciente del país. El anuncio llega en un momento de gran tensión regional, marcado por la guerra en Gaza y la intensificación de los enfrentamientos a lo largo de la frontera entre Israel y el Líbano.
Desde el inicio del conflicto en Gaza, Hezbollah ha lanzado múltiples cohetes hacia territorio israelí, lo que provocó una respuesta masiva del ejército de Israel con bombardeos aéreos y, finalmente, con una ofensiva terrestre en el sur del Líbano. El ministro de Información libanés, Paul Morcos, declaró que los detalles específicos del plan de desarme se mantendrán en secreto por motivos de seguridad, aunque reconoció que las capacidades del ejército libanés son limitadas en términos de logística, material y personal.
Según Morcos, el ejército intentará asumir el control de las armas “en el marco de las capacidades disponibles”, subrayando que este proceso será gradual y enfrentará múltiples obstáculos. La decisión del gabinete generó tensiones inmediatas en el seno del gobierno. Cinco ministros cercanos a Hezbollah abandonaron la reunión en señal de protesta justo cuando el jefe del ejército, Rodolph Haikal, se disponía a presentar el plan diseñado para colocar todas las armas bajo autoridad estatal.
Este gesto refleja la profunda división interna en el país y anticipa la dificultad de implementar un desarme efectivo. Cabe recordar que a principios de agosto, el gabinete libanés había aceptado una propuesta respaldada por Estados Unidos que prevé el desarme completo de todas las milicias antes de fin de año. Asimismo, en noviembre se alcanzó un acuerdo de alto el fuego que contemplaba la retirada de Hezbollah de la zona fronteriza con Israel, más allá del río Litani, así como el desmantelamiento de sus bases militares.
No obstante, Israel acusa a Hezbollah de seguir activo en la región y justifica sus continuos ataques a objetivos vinculados con la milicia. Hezbollah, considerado por sus seguidores como una fuerza de resistencia y por sus críticos como un “estado dentro del estado”, ya ha declarado que ignorará la decisión del gobierno de desarmarlo. La organización, apoyada militar y financieramente por Irán, ha mantenido durante años una influencia decisiva en la política libanesa, bloqueando procesos institucionales y consolidando estructuras paralelas de poder.
Sin embargo, tras la guerra con Israel en el otoño pasado, Hezbollah se ha visto militarmente debilitado, lo que abre una ventana de oportunidad para el gobierno central. Aun así, informes locales indican que la milicia estaría dispuesta a negociar un desarme parcial o progresivo si Israel detiene sus operaciones en territorio libanés y retira las tropas que aún permanecen en el sur del país. Hezbollah sigue siendo la única milicia que conservó su arsenal tras el fin de la guerra civil libanesa en 1990, lo que ha alimentado décadas de tensiones políticas y militares en el país.
El futuro del plan de desarme sigue siendo incierto. Para algunos analistas, representa un paso histórico hacia la recuperación de la soberanía del Estado libanés; para otros, es un desafío monumental que podría desencadenar nuevas divisiones internas y más violencia. Lo cierto es que, en un Líbano marcado por crisis económicas, políticas y sociales, la resolución del papel militar de Hezbollah será determinante para la estabilidad de todo el Medio Oriente.