
El presidente Donald Trump se prepara para una visita de alto perfil a Beijing el próximo mes, en lo que podría convertirse en uno de los encuentros diplomáticos más relevantes de su segundo mandato. Desde la Casa Blanca se ha proyectado el viaje como un evento de gran simbolismo, con expectativas de una recepción histórica por parte del gobierno chino. Sin embargo, el contexto político y económico previo al encuentro ha cambiado de manera significativa.
Una reciente decisión de la Corte Suprema debilitó parte del marco legal que sustentaba el régimen arancelario impulsado por Trump, considerado una pieza central de su estrategia frente a China. La resolución judicial no eliminó por completo su política comercial, pero sí limitó el alcance de ciertos mecanismos utilizados para imponer tarifas amplias bajo argumentos de emergencia económica.
Esto obligó a la administración a recalibrar su postura justo cuando las negociaciones bilaterales entran en una fase delicada. En respuesta, Trump actuó con rapidez para preservar su enfoque agresivo en materia comercial. Durante el fin de semana anunció la implementación de un nuevo arancel global del 15 por ciento, aunque finalmente entró en vigor con una tasa del 10 por ciento, inferior a lo inicialmente prometido. Este ajuste no pasó desapercibido. La diferencia entre el anuncio político y la ejecución real fue interpretada por analistas como una señal de presión institucional y límites legales que ahora condicionan el margen de maniobra del Ejecutivo.
A pesar del revés judicial, la Casa Blanca dejó claro que mantiene la intención de utilizar otras herramientas económicas para ejercer presión sobre Beijing. Entre ellas podrían figurar nuevas restricciones comerciales selectivas, controles tecnológicos o medidas adicionales en sectores estratégicos. Del lado chino, la reacción ha sido cautelosa. Aunque no se ha confirmado oficialmente la reunión de finales de marzo entre Trump y el presidente Xi Jinping, en círculos diplomáticos se evalúan posibles escenarios ante una estrategia estadounidense que podría volverse menos predecible, pero aún firme.
Expertos en relaciones internacionales señalan que la decisión de la Corte Suprema introduce un nuevo elemento en la ecuación. Limitar la capacidad del presidente para imponer aranceles de forma unilateral reduce el factor sorpresa que había caracterizado la política comercial estadounidense en años recientes. Este cambio podría influir en el tono de las negociaciones.
Beijing podría interpretar la resolución como una señal de que el poder presidencial enfrenta controles más estrictos, lo que modificaría el equilibrio en la mesa de diálogo. De cara al encuentro entre ambos mandatarios, el escenario es complejo. Trump busca proyectar fortaleza antes de sentarse frente a Xi, mientras China evalúa cómo responder a una estrategia comercial que, aunque golpeada judicialmente, sigue siendo uno de los pilares de la política exterior estadounidense.



