La relación entre la Casa Blanca y la Reserva Federal atraviesa uno de sus momentos más tensos en años, en medio de una creciente disputa sobre la independencia del banco central de Estados Unidos. El foco del conflicto es el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, quien ha denunciado la apertura de investigaciones penales en su contra, una situación que ha generado inquietud tanto en el Partido Demócrata como dentro de sectores del Partido Republicano.

Powell afirmó que el Departamento de Justicia ha emitido citaciones relacionadas con su comparecencia ante el Comité Bancario del Senado el pasado mes de junio, así como con otros asuntos administrativos. Sin embargo, el titular de la Fed sostuvo que estas acciones no responden a irregularidades reales, sino que forman parte de una presión política vinculada a la política monetaria del organismo.

Según Powell, la amenaza de un proceso penal no está relacionada con su testimonio ante el Senado ni con la controvertida renovación de edificios de la Reserva Federal en Washington, sino con el hecho de que la institución mantiene una línea independiente en la fijación de las tasas de interés. En su declaración, subrayó que la Fed actúa con el objetivo de servir al interés público y no a las preferencias políticas del Ejecutivo.

Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump se distanció públicamente de las investigaciones y aseguró no tener conocimiento directo de las acciones emprendidas por el Departamento de Justicia. No obstante, reiteró sus críticas hacia Powell, cuestionando su gestión al frente del banco central y su manejo de proyectos de infraestructura, críticas que el mandatario ha expresado de manera recurrente en el pasado. El Departamento de Justicia, por su parte, evitó pronunciarse específicamente sobre el caso, aunque señaló que la fiscal general ha instruido a los fiscales federales a priorizar cualquier investigación relacionada con el uso indebido de fondos públicos.

La renovación de dos edificios de la Reserva Federal, con un costo estimado de 2.500 millones de dólares, ha sido uno de los principales puntos de fricción, aunque Powell ha defendido el proyecto como una modernización necesaria de instalaciones obsoletas. El mandato de Powell como presidente de la Reserva Federal concluye en mayo, pero el funcionario tiene la opción de permanecer como miembro de la Junta de Gobernadores hasta enero de 2028.

Esta posibilidad tiene implicaciones políticas relevantes, ya que limitaría la capacidad del presidente de nombrar nuevos miembros del organismo en el corto plazo. Para algunos legisladores republicanos, la situación representa un riesgo institucional. El senador Thom Tillis, integrante del Comité Bancario del Senado, advirtió que las investigaciones contra Powell podrían socavar la independencia y credibilidad tanto del Departamento de Justicia como de la Reserva Federal.

 En señal de protesta, anunció que bloqueará las nominaciones presidenciales relacionadas con la Fed hasta que el asunto sea esclarecido. La controversia refleja una escalada en el prolongado debate sobre el equilibrio de poder entre el Ejecutivo y el banco central estadounidense. Más allá de la figura de Powell, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión fundamental del sistema político y económico del país: hasta qué punto la Reserva Federal puede y debe operar con autonomía frente a la presión política.

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