
Un ataque aéreo ruso provocó una tragedia en el este de Ucrania al impactar directamente en una mina de cobre ubicada en la localidad de Bilozerske, cerca de Dobropillia, en la región de Donetsk. Según confirmaron las autoridades ucranianas y el sindicato de mineros, el bombardeo dejó al menos un trabajador muerto y alrededor de ciento cincuenta mineros atrapados bajo tierra, además de tres heridos que fueron rescatados con vida.
La mina pertenece a la compañía energética DTEK y se encuentra en una zona particularmente vulnerable, a tan solo quince kilómetros de la línea de frente, lo que hace aún más complejo el acceso de los equipos de rescate y la puesta en marcha de operaciones seguras para liberar a quienes permanecen en el subsuelo. El líder sindical Mykhailo Volynets informó que serían exactamente ciento cuarenta y ocho los trabajadores atrapados, aunque en los reportes oficiales se habla de unos ciento cincuenta.
El ataque interrumpió el suministro eléctrico de la mina, dejando sin funcionamiento los sistemas de ventilación y los ascensores que permiten la salida a la superficie, lo que ha generado una situación desesperante para las familias y los rescatistas. La esperanza está puesta en restablecer la energía cuanto antes para iniciar el proceso de evacuación, pero las constantes amenazas de nuevos ataques rusos ralentizan los trabajos de emergencia.
Esta tragedia recuerda a un episodio ocurrido en septiembre de 2024 en la misma región, cuando ciento cincuenta y un mineros quedaron atrapados bajo tierra después de que un bombardeo ruso cortara el suministro eléctrico. En aquella ocasión no se registraron víctimas fatales, pero el suceso ya había puesto en evidencia la vulnerabilidad de las minas ucranianas frente a los ataques contra infraestructuras críticas.
Ahora, con la muerte de un trabajador y el número elevado de atrapados, la crisis humanitaria se hace más visible y urgente. La región de Donetsk, epicentro de intensos combates desde el inicio de la invasión rusa en 2022, es una de las más castigadas por los bombardeos. Las minas de carbón y cobre representan una fuente vital para la economía local y el sustento de miles de familias, pero se han convertido en blanco recurrente de ataques que buscan paralizar la producción y sembrar el terror en la población. Los sindicatos y las autoridades locales han pedido apoyo internacional para garantizar la seguridad de los trabajadores y denunciar lo que consideran un ataque deliberado contra la infraestructura civil.
Mientras tanto, la incertidumbre y la angustia dominan a las familias de los mineros, que esperan noticias concretas sobre la suerte de sus seres queridos. Los equipos de rescate trabajan contrarreloj en condiciones adversas, con el temor constante de que un nuevo bombardeo vuelva a golpear la zona. Este episodio refleja no solo la brutalidad del conflicto, sino también el drama humano que viven quienes, aun en medio de la guerra, continúan trabajando para sostener a sus familias y mantener en pie lo que queda de la economía ucraniana.