
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró su advertencia a Canadá de responder con medidas “muy contundentes” en caso de que el país avance en un acuerdo comercial con China. Las declaraciones fueron realizadas durante el fin de semana y forman parte de una escalada verbal que ha elevado la tensión entre ambos países vecinos.
Trump afirmó que su administración no permitirá que China amplíe su influencia económica sobre Canadá, planteando el posible acuerdo como una amenaza estratégica. En ese contexto, volvió a mencionar la posibilidad de imponer aranceles del 100 por ciento a productos canadienses si Ottawa decide concretar un entendimiento comercial con Pekín. Las advertencias no se limitaron al comercio general. En días previos, Trump había anunciado la intención de aplicar aranceles punitivos del 50 por ciento a aviones fabricados en Canadá, una medida que afectaría directamente a la industria aeronáutica del país.
También planteó la posibilidad de retirar certificaciones a fabricantes como Bombardier. El mandatario justificó esta postura argumentando que Canadá se ha negado a registrar determinados modelos de aeronaves del fabricante estadounidense Gulfstream. Sin embargo, expertos legales han señalado que la retirada de certificaciones no depende directamente del presidente, sino de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, cuyas regulaciones permiten este tipo de acciones únicamente por razones de seguridad. Representantes de la industria aeronáutica y sindicatos han advertido sobre las consecuencias de una escalada comercial de este tipo.
Aerolíneas estadounidenses como American Airlines y Delta Air Lines utilizan aviones fabricados en Canadá para una parte significativa de sus rutas regionales, lo que amplifica el impacto potencial de cualquier medida restrictiva. En Canadá, las declaraciones de Trump generaron inquietud política y económica. En particular, causaron revuelo versiones sobre un posible respaldo indirecto de Washington a movimientos separatistas en la provincia de Alberta, un tema especialmente sensible dentro del debate interno canadiense. El momento de la nueva escalada coincide con un giro en la política exterior de Ottawa.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha impulsado una estrategia orientada a reducir la dependencia económica de Estados Unidos, en respuesta a lo que considera una política comercial cada vez más impredecible desde Washington. Carney ha advertido públicamente sobre el debilitamiento del orden internacional basado en normas y ha llamado a otros países a coordinar posiciones para hacer frente a este escenario.
En ese contexto, las amenazas de Trump refuerzan un clima de incertidumbre que podría redefinir las relaciones comerciales y políticas entre Estados Unidos y Canadá en los próximos meses.