Thailand ha decidido endurecer nuevamente sus políticas migratorias para turistas internacionales, marcando un importante cambio en la estrategia que el país había adoptado después de la pandemia. El gobierno confirmó que eliminará el permiso de permanencia sin visado de 60 días introducido hace apenas dos años para visitantes de decenas de países. La medida implica que ciudadanos de 54 países volverán a tener un límite de estadía de 30 días sin necesidad de visa.

Las autoridades consideran que el sistema anterior, aunque ayudó inicialmente a recuperar el turismo internacional, también provocó problemas relacionados con permanencias prolongadas y actividades económicas no autorizadas. La política de los 60 días fue implementada en 2024 como parte de un agresivo plan de recuperación económica tras el impacto devastador de la pandemia sobre el turismo. Tailandia depende enormemente de visitantes extranjeros para sostener hoteles, restaurantes, transporte, comercio y miles de pequeños negocios vinculados al sector turístico.

Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a surgir críticas internas sobre el uso indebido de las facilidades migratorias. Funcionarios gubernamentales sostienen que muchos extranjeros aprovecharon las estadías prolongadas para establecer negocios informales, trabajar ilegalmente o residir de manera semipermanente dentro del país. La situación generó preocupación especialmente en ciudades turísticas y zonas costeras donde aumentó considerablemente la presencia de residentes extranjeros de larga duración.

Algunos sectores locales comenzaron a reclamar mayores controles migratorios para proteger empleos, regulaciones comerciales y estabilidad social. Expertos en turismo consideran que la decisión refleja un nuevo equilibrio entre crecimiento económico y control migratorio. Después de la pandemia, numerosos países flexibilizaron sus reglas de entrada para atraer visitantes internacionales, pero ahora varios gobiernos están endureciendo nuevamente sus políticas ante preocupaciones internas.

La medida podría afectar especialmente a viajeros digitales, jubilados temporales y turistas de larga estadía que utilizaban Tailandia como destino económico y flexible dentro del sudeste asiático. Muchos visitantes habían adaptado sus estilos de vida a las ventajas migratorias que ofrecía el país durante los últimos años.

Aunque el gobierno insiste en que Tailandia seguirá siendo uno de los destinos turísticos más abiertos y atractivos del mundo, el cambio deja claro que las autoridades buscan recuperar un mayor control sobre quién permanece en el país y durante cuánto tiempo. La nueva etapa marca el fin parcial de una de las políticas turísticas más flexibles adoptadas tras la pandemia.

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