
Las discusiones sobre la condición física del presidente estadounidense Donald Trump han ganado fuerza en las últimas semanas, alimentadas por una serie de episodios públicos que muchos consideran señales de agotamiento o disminución de alerta. La controversia volvió a estallar el martes, cuando el mandatario fue captado aparentemente quedándose dormido durante una reunión del gabinete, justo en el momento en que el secretario de Estado, Marco Rubio, pronunciaba un discurso solemne sobre el papel de Estados Unidos en la estabilidad global.
Mientras Rubio destacaba que ningún avance diplomático reciente habría sido posible sin el “fuerte liderazgo del presidente”, las cámaras mostraban a Trump con los ojos cerrados, la cabeza inclinándose repetidamente hacia la mesa y una postura que transmitía cansancio extremo. Según testigos, incluso cuando otros miembros del gabinete intervinieron, el presidente permaneció en un estado de letargo visible. El incidente ha generado un notable revuelo en el país.
En los últimos meses, críticos y opositores han bautizado al mandatario como “Dozy Don”, aludiendo a episodios previos en los que Trump también pareció adormecerse en actos oficiales. La semana pasada, el presidente reaccionó con furia a un reportaje del New York Times que sugería que su nivel de energía se ha visto reducido con la edad e incluía un video en el que parecía luchar por mantenerse despierto durante un evento en la Casa Blanca.
Trump calificó la publicación como un “artículo de odio”, mientras su portavoz desestimó el reportaje como “noticias falsas”, acusando al periódico de intentar construir una narrativa sin fundamentos. En paralelo, el comportamiento digital del mandatario ha levantado nuevas preguntas. En un intento por demostrar que continúa siendo “el presidente más activo de todos los tiempos”, Trump publicó decenas de mensajes en Truth Social entre el lunes y la madrugada del martes, en una secuencia larga y errática que carecía de un hilo temático claro.
La intensa actividad nocturna en redes sociales, seguida por señales públicas de agotamiento, ha reavivado el debate sobre su salud, sus rutinas de descanso y su capacidad para sostener la presión del cargo. A medida que el año electoral avanza, la discusión sobre el estado físico y mental del presidente se perfila como un tema creciente en la conversación política estadounidense.



