
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, inició esta semana una nueva etapa personal y política al mudarse junto a su esposa, Rama Duwaji, a la residencia oficial del alcalde en Manhattan. El cambio marca un fuerte contraste con la vida que ambos llevaban hasta ahora en Queens, donde residían en un pequeño apartamento de una sola habitación. La nueva vivienda es la histórica Mansión Gracie, ubicada en el Upper East Side y designada como residencia oficial del alcalde desde 1942.
Desde entonces, casi todos los alcaldes de la ciudad han habitado, al menos de manera ocasional, esta emblemática casa del siglo XVIII, símbolo del poder municipal neoyorquino. Mamdani compartió el momento del traslado en redes sociales, donde expresó su entusiasmo por comenzar un nuevo capítulo. En su mensaje, destacó que tanto él como su esposa se sienten agradecidos de ser recibidos en el vecindario y subrayó que la mansión no es una propiedad privada, sino “una casa que pertenece al pueblo”.
El contraste con su vida anterior es notable. Hasta hace pocos días, la pareja vivía en un apartamento modesto por el que pagaban 2.300 dólares mensuales, una cifra inferior al promedio actual del mercado para viviendas de ese tamaño en la ciudad, donde alquileres similares suelen superar los 4.000 dólares. Las condiciones del antiguo apartamento distaban de ser ideales.
No contaba con lavadora y, según relatos previos, sufría filtraciones de agua que provocaban inundaciones frecuentes, afectando especialmente a Rama Duwaji y obligando a la pareja a convivir con constantes problemas domésticos. La Mansión Gracie ofrece un escenario completamente distinto. La residencia cuenta con más de mil pies cuadrados de espacio habitable, amplias áreas comunes, un salón de baile, un porche con vistas al East River y servicios que incluyen cocina atendida por personal especializado.
La casa, cargada de historia, también ha sido objeto de comentarios curiosos en el pasado. El exalcalde Eric Adams llegó a bromear públicamente asegurando que la mansión estaría “encantada por al menos un fantasma”, una anécdota que forma parte del folclore político de la ciudad. Mamdani ya adelantó que su intención es abrir la residencia a los neoyorquinos que rara vez tienen acceso a este tipo de espacios. Con ello, busca reforzar la idea de que la mansión no es solo el hogar del alcalde, sino un lugar público que simboliza la conexión entre el gobierno local y la ciudadanía.