
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, viajará a Washington esta semana en un momento de creciente inquietud en Israel por la evolución de los contactos diplomáticos entre Estados Unidos e Irán. La visita se produce en un contexto especialmente sensible, marcado por el inicio de conversaciones indirectas entre Washington y Teherán, que han reactivado temores en el liderazgo israelí sobre un posible acuerdo considerado insuficiente en materia de seguridad.
Inicialmente, Netanyahu tenía previsto desplazarse a Estados Unidos a mediados de febrero para participar en la primera reunión del denominado Consejo de Paz impulsado por el presidente Donald Trump. Sin embargo, el calendario fue modificado de forma anticipada. El adelanto del encuentro responde a la urgencia generada tras la primera ronda de contactos entre representantes estadounidenses e iraníes, celebrada recientemente en Omán, un país que suele actuar como canal diplomático discreto en este tipo de negociaciones.
En dichas conversaciones participaron figuras clave del entorno de Trump, entre ellas su yerno Jared Kushner y su enviado especial Steve Witkoff, lo que subraya la importancia que la Casa Blanca atribuye a este proceso. Desde la perspectiva israelí, el temor principal radica en que Estados Unidos pueda aceptar concesiones que no aborden de forma suficientemente estricta el programa nuclear iraní ni su influencia regional.
Netanyahu ha mantenido históricamente una postura firme frente a cualquier acercamiento con Irán, insistiendo en que Teherán representa una amenaza existencial para la seguridad de Israel y la estabilidad de Oriente Medio. La visita a Washington es interpretada como un intento de influir directamente en la posición estadounidense antes de que las negociaciones con Irán avancen hacia compromisos más concretos.
Al mismo tiempo, el viaje refleja la complejidad de la relación entre Israel y la administración Trump, marcada por una estrecha alianza política, pero también por diferencias tácticas en el manejo del dossier iraní.
En este escenario, el encuentro en Washington se perfila como un momento clave para definir el rumbo de la diplomacia regional, con implicaciones que podrían extenderse más allá de Irán y afectar al equilibrio estratégico en Oriente Medio.