Las negociaciones celebradas en Berlín entre representantes europeos, Ucrania y Estados Unidos dejaron señales de avance, aunque también evidenciaron profundas divergencias sobre el camino hacia una paz duradera en Ucrania. Mientras el presidente estadounidense Donald Trump aseguró que un acuerdo está “más cerca que nunca”, desde Moscú el mensaje fue marcadamente distinto. El Kremlin rechazó de forma tajante la propuesta alemana de un alto el fuego durante las festividades navideñas, subrayando que no aceptará pausas temporales que, a su juicio, solo servirían para que Ucrania se reorganice militarmente. 

El canciller alemán Friedrich Merz había instado al presidente ruso Vladímir Putin a aceptar una tregua navideña como gesto humanitario y paso inicial hacia un proceso de paz más amplio. Sin embargo, la respuesta rusa fue negativa. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que Moscú no busca un alto el fuego provisional, sino el fin definitivo del conflicto bajo sus propias condiciones, reiterando que Rusia pretende alcanzar sus objetivos estratégicos y cerrar la guerra de manera permanente.

El tono de las autoridades rusas hacia Europa fue especialmente duro. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, criticó abiertamente la participación europea en las conversaciones de Berlín y descartó cualquier expectativa de que Moscú adopte las propuestas surgidas en ese foro. Según Lavrov, los gobiernos europeos han rechazado históricamente soluciones negociadas y, en su opinión, buscan de manera deliberada una confrontación prolongada con Rusia. Por ello, sostuvo que actualmente no existe base alguna para un diálogo constructivo entre el Kremlin y la Unión Europea.

Lavrov también lanzó fuertes acusaciones contra Europa por la congelación de activos rusos, calificando la medida como un acto de expolio, y fue aún más lejos al afirmar que el continente estaría reviviendo ideas extremistas para consolidar una postura común contra Moscú. En su discurso, acusó a los líderes europeos de actuar bajo una lógica de confrontación ideológica y de utilizar a Ucrania como intermediaria en un conflicto más amplio con Rusia. En cuanto a Estados Unidos, el jefe de la diplomacia rusa criticó la estrategia de seguridad de Washington y las sanciones impuestas a empresas energéticas rusas, describiéndolas como prácticas de competencia desleal.

Al mismo tiempo, defendió un retorno a los principios del control de armamentos y expresó la disposición de Moscú a reforzar la cooperación en materia de seguridad con otros actores internacionales, especialmente Irán. Lavrov subrayó la importancia de mantener el acuerdo nuclear iraní y de avanzar hacia una normalización de las relaciones entre Irán y los países del Golfo, como parte de una arquitectura de seguridad global más estable.

Así, mientras en Berlín se habla de avances y de oportunidades para la paz, las declaraciones procedentes de Moscú reflejan una postura firme y distante, que mantiene abiertas las tensiones diplomáticas y deja en claro que un acuerdo definitivo aún enfrenta obstáculos significativos.

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