
La Comisión Europea busca concluir antes de fin de año el controvertido acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, con la vista puesta en una firma formal prevista en Paraguay el 12 de enero de 2026, según el calendario actualmente manejado por las partes. Sin embargo, las profundas divisiones entre los Estados miembros de la UE continúan dificultando el consenso necesario para cerrar el pacto a tiempo. En este contexto, Brasil ha elevado la presión política y ha advertido que podría retirarse del proceso si el acuerdo no se aprueba dentro del plazo previsto.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fue especialmente contundente al señalar que, si el tratado negociado desde 1999 no recibe el respaldo europeo antes de la fecha límite, Brasil dejará de apoyarlo mientras él permanezca en el cargo. Lula subrayó que su país ha esperado 26 años para alcanzar un acuerdo y afirmó que los Estados del Mercosur —Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay— han aceptado todo lo que era “diplomáticamente posible” para facilitar el entendimiento con la Unión Europea.
Las resistencias dentro de la UE se concentran principalmente en países como Italia, Francia, Austria y Polonia, donde existen fuertes preocupaciones sobre el impacto del acuerdo en el sector agrícola. La primera ministra italiana Giorgia Meloni reiteró que el tratado solo debería firmarse cuando se garantice que será beneficioso para todos los sectores y que se hayan acordado mecanismos de protección adecuados para los agricultores europeos, así como garantías de reciprocidad en el comercio agroalimentario. En este sentido, consideró prematuro avanzar hacia la firma sin cerrar previamente un paquete de salvaguardias con la Comisión Europea.
En contraste, Alemania se mantiene como uno de los principales impulsores del acuerdo. El gobierno en Berlín considera prioritario alcanzar un consenso antes de fin de año para permitir la firma en enero de 2026. El canciller Friedrich Merz continúa trabajando para convencer a los socios escépticos, argumentando que el acuerdo no solo tiene un valor económico significativo, sino que también representaría una señal clara de la capacidad de actuación de la Unión Europea en un entorno global cada vez más competitivo y fragmentado.
El debate alcanzará un punto decisivo en las próximas semanas, con varias reuniones clave previstas en Bruselas y otras capitales europeas. Si se logra el consenso político necesario, la firma del acuerdo en Paraguay el 12 de enero de 2026 marcaría el cierre de una de las negociaciones comerciales más largas y complejas de la historia reciente. De concretarse, el tratado crearía la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 720 millones de habitantes, abarcando cerca del 20 por ciento de la economía global y más del 31 por ciento de las exportaciones mundiales de bienes, lo que subraya su enorme relevancia económica y geopolítica.