Masivas protestas estallaron en varias ciudades de Irán en medio de una profunda crisis económica, con manifestantes coreando consignas como “muerte al dictador” contra el liderazgo del país. La ira popular se ha intensificado por el colapso del poder adquisitivo, el aumento del costo de vida y la pérdida acelerada de valor de la moneda nacional, en un contexto de creciente aislamiento internacional. 

En Teherán, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, mientras numerosos comercios cerraron sus puertas en el Gran Bazar y en otros mercados clave de la capital. El cierre de estas zonas comerciales, tradicionalmente influyentes en la vida política y económica del país, fue interpretado como una señal clara de descontento generalizado.

Las protestas no se limitaron a la capital. Estudiantes universitarios lanzaron llamados públicos para que sus compañeros se sumaran a las manifestaciones, convirtiendo a los campus en focos de movilización. En varias ciudades, residentes reportaron que durante la noche se escuchaban consignas coreadas desde los techos de edificios, una forma de protesta que ha resurgido en momentos de fuerte represión. La presión económica se ha visto agravada por la fuerte caída del rial iraní, que alcanzó mínimos históricos frente a las principales divisas.

Esta depreciación ha alimentado el temor a una inflación aún mayor y ha profundizado la sensación de incertidumbre entre la población, ya afectada por sanciones internacionales y una gestión económica ampliamente cuestionada. Testimonios de residentes en localidades cercanas a Teherán describen una presencia intensificada de fuerzas de seguridad armadas, muchas de ellas desplegadas en motocicletas para patrullar barrios enteros durante la madrugada.

En la ciudad de Malard, a unos 45 kilómetros al este de la capital, vecinos informaron que estas unidades se concentraron en puntos estratégicos para disuadir nuevas concentraciones.

Las protestas se desarrollan además en un clima de tensión regional, marcado por amenazas persistentes de Israel y Estados Unidos contra el régimen iraní. Para muchos manifestantes, la combinación de presión externa y colapso interno ha dejado en evidencia la fragilidad del sistema, mientras las autoridades recurren nuevamente a la represión para contener un descontento que parece extenderse y profundizarse.

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