
El Papa León XIV volvió a situar el concepto de paz en el centro del debate moral contemporáneo durante una reciente audiencia, donde planteó una visión que trasciende lo político y se adentra en lo profundamente humano. Para el pontífice, la paz no es solo la ausencia de guerra, sino un don que se construye a partir del respeto a la vida y de la atención a los más vulnerables.
En su reflexión, el Papa subrayó que ninguna sociedad puede aspirar a una paz auténtica si se basa en la exclusión. Señaló que cuando se margina a los débiles, se ignora a los pobres o se permanece indiferente ante el sufrimiento de refugiados y oprimidos, se erosiona el fundamento mismo de la convivencia humana. León XIV insistió en que la protección de la vida no nacida forma parte esencial de esta visión integral de la paz. Desde su perspectiva, no se trata de un debate aislado, sino de una expresión más amplia de cómo una sociedad valora la dignidad humana desde sus etapas más frágiles.
El pontífice evocó el legado de la Madre Teresa de Calcuta, a quien recordó como una figura que supo unir acción y pensamiento. La religiosa había descrito el aborto como uno de los mayores destructores de la paz, una afirmación que el Papa consideró vigente y profundamente reveladora del vínculo entre cuidado, compasión y justicia social. Según León XIV, solo quienes se comprometen con los más pequeños y vulnerables pueden generar transformaciones reales. En ese sentido, destacó que el cuidado cotidiano, muchas veces silencioso, tiene un impacto más profundo que cualquier discurso grandilocuente o estrategia de poder.
El mensaje también apuntó a una crítica más amplia a las políticas y estructuras que priorizan intereses económicos o ideológicos por encima de la persona. Para el Papa, ninguna acción pública puede considerarse verdaderamente al servicio de los pueblos si deja de lado a quienes necesitan apoyo material y espiritual. Desde una perspectiva cultural, sus palabras invitan a repensar el concepto de progreso.
El pontífice sugirió que una sociedad avanzada no se mide solo por su desarrollo tecnológico o económico, sino por su capacidad de proteger la vida, acoger al necesitado y construir vínculos solidarios. La reflexión de León XIV se inscribe así en una tradición ética que entiende la paz como una tarea colectiva y cotidiana. Más que una consigna política, su llamado propone una mirada cultural y moral que interpela a individuos y comunidades sobre el tipo de humanidad que desean construir.



