
Estados Unidos y Armenia alcanzaron un acuerdo para cooperar en el uso civil de la energía nuclear, un paso que redefine el mapa energético y geopolítico del Cáucaso Sur. El entendimiento permite a Estados Unidos exportar tecnología, equipos y servicios nucleares a Armenia bajo un marco legalmente seguro, abriendo la puerta a una colaboración de largo plazo en un sector altamente sensible.
Hasta ahora, Armenia ha dependido en gran medida de Rusia e Irán para cubrir sus necesidades energéticas, una realidad que el gobierno de Ereván busca modificar mediante la diversificación de socios estratégicos. Uno de los puntos centrales del acuerdo está relacionado con la posible construcción de un nuevo reactor nuclear que sustituya a la envejecida central de Mezamor, una instalación heredada de la era soviética y desarrollada originalmente con tecnología rusa.
Actualmente, Armenia evalúa propuestas de varios países, entre ellos Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Corea del Sur, en una competencia que refleja el creciente interés internacional por el sector energético armenio. Funcionarios estadounidenses señalaron que el volumen inicial de exportaciones vinculadas al acuerdo podría alcanzar varios miles de millones de dólares, a lo que se sumarían contratos adicionales de combustible y mantenimiento a largo plazo.
Desde la perspectiva armenia, el pacto representa una oportunidad para modernizar su infraestructura energética, reducir riesgos operativos y disminuir su dependencia de proveedores tradicionales. El acuerdo fue firmado en un contexto político más amplio, marcado por un reciente tratado de paz entre Armenia y Azerbaiyán, que busca estabilizar una región históricamente atravesada por tensiones y conflictos.
En paralelo, Estados Unidos impulsa iniciativas de conectividad regional destinadas a mejorar los vínculos entre Asia y Europa, evitando rutas que atraviesen Rusia e Irán y reforzando nuevas alternativas comerciales.
En conjunto, la cooperación nuclear entre Washington y Ereván se perfila como una señal clara de realineamiento estratégico, con implicaciones que van más allá del sector energético y que podrían alterar el equilibrio de influencia en el Cáucaso Sur.