
El servicio de mensajería Telegram afirmó que su sistema de cifrado permanece intacto, contradiciendo declaraciones recientes de funcionarios rusos que insinuaron posibles vulneraciones en la seguridad de la plataforma. La empresa defendió públicamente la integridad técnica de su infraestructura y rechazó cualquier acusación de compromiso externo. Las declaraciones surgen en un contexto de creciente tensión entre el gobierno ruso y varias plataformas digitales utilizadas ampliamente por la población y por las tropas en el conflicto en Ucrania.
Telegram se ha convertido en una herramienta central tanto para comunicación civil como para difusión de información militar. Autoridades rusas han señalado que servicios de inteligencia extranjeros estarían utilizando aplicaciones de mensajería para espiar comunicaciones sensibles. Sin embargo, no se han presentado públicamente pruebas técnicas que respalden la afirmación de que el cifrado de Telegram haya sido vulnerado. Desde la compañía, se sostiene que tales acusaciones son infundadas y que el sistema de protección de datos continúa operando con los mismos estándares de seguridad implementados previamente.
Telegram ha reiterado que no ha detectado fallas estructurales en su cifrado. Paralelamente, el regulador ruso de medios ha indicado que podría reducir la velocidad de conexión a la plataforma, alegando incumplimiento de normativas nacionales sobre eliminación de contenidos considerados ilegales. Esta medida forma parte de un patrón más amplio de presión regulatoria sobre empresas tecnológicas. El gobierno ruso también ha confirmado el bloqueo total de WhatsApp, aplicación perteneciente a una empresa estadounidense, por presunto desacato a la legislación local.
En su lugar, las autoridades han promovido el uso de un mensajero patrocinado por el Estado. Críticos sostienen que las plataformas oficiales podrían facilitar mayor supervisión de las comunicaciones, aunque las autoridades rechazan categóricamente esas acusaciones y argumentan que se trata de proteger la seguridad nacional. En el caso específico de Telegram, el acceso para las tropas rusas no ha sido bloqueado de manera inmediata.
Funcionarios han señalado que cualquier transición hacia otros sistemas de comunicación requeriría tiempo para garantizar continuidad operativa. El episodio refleja una intensificación del control digital en Rusia, donde el debate sobre soberanía tecnológica se ha vuelto central en medio del conflicto internacional y las sanciones occidentales. Más allá de la disputa puntual, el caso evidencia cómo las plataformas de mensajería se han convertido en un campo estratégico dentro de la guerra moderna, donde la seguridad de la información, la regulación estatal y la libertad digital se entrecruzan en un escenario de alta tensión geopolítica.



