Intel continúa en la búsqueda de aliados estratégicos para sostener su reestructuración en medio de una crisis que ha reducido su relevancia en la industria de los semiconductores. Tras asegurarse la semana pasada una inversión de 5.000 millones de dólares (unos 4.240 millones de euros) por parte de Nvidia, ahora la compañía estadounidense habría iniciado conversaciones preliminares con Apple. Así lo informó la agencia Bloomberg, citando a fuentes cercanas al asunto.

El objetivo sería garantizar un respaldo adicional luego de la participación del gobierno de Estados Unidos en la empresa. Según los reportes, Intel también habría contactado a otras compañías tecnológicas en busca de apoyo. Durante muchos años, Apple fue uno de los principales clientes de Intel, pero la relación cambió de rumbo cuando la compañía de Cupertino decidió migrar hacia procesadores de diseño propio, fabricados por el gigante taiwanés TSMC.

Desde entonces, Intel ha ido perdiendo espacio en un mercado dominado por los chips Arm en teléfonos inteligentes y tabletas, mientras que en el campo de la inteligencia artificial, Nvidia mantiene un dominio casi absoluto. La situación ha obligado a Intel a redefinir su estrategia, inclinándose hacia el modelo de fabricante por contrato para terceros. Sin embargo, los posibles clientes han mostrado cautela, lo que ha llevado a la reducción de varios de sus ambiciosos proyectos de expansión.

Entre ellos, la cancelación de la planta que estaba planificada en Magdeburgo, Alemania, un símbolo de las dificultades que enfrenta la empresa para recuperar su posición de liderazgo. El debilitamiento de Intel contrasta con su historia como pionero en la industria de los chips, donde durante décadas marcó el estándar global en computación. Hoy, en cambio, su futuro depende de alianzas estratégicas y del respaldo gubernamental.

De hecho, el gobierno de Estados Unidos adquirió recientemente una participación cercana al 10 por ciento de la compañía, utilizando miles de millones en subsidios previamente prometidos como parte del acuerdo. Aunque en un inicio ese dinero estaba destinado como apoyo directo para construir nuevas fábricas en territorio estadounidense, el presidente Donald Trump exigió una contrapartida a cambio.

La expectativa ahora gira en torno a si Apple, que en los últimos años se ha distanciado de Intel, estará dispuesta a tenderle nuevamente la mano a la compañía en apuros. Un eventual acercamiento entre ambos gigantes podría redefinir el equilibrio de fuerzas en la industria tecnológica global.

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