Después de seis años de silencio en el gigante asiático, la NBA vuelve oficialmente a China con una serie de partidos de pretemporada que marcan un retorno tan esperado como simbólico. Los Brooklyn Nets y los Phoenix Suns serán los encargados de reabrir las puertas del baloncesto estadounidense en territorio chino, con dos encuentros en la ciudad de Macau, que se ha convertido en el escenario perfecto para sellar este nuevo capítulo en las relaciones entre la liga y el país. 

La última vez que la NBA jugó en China fue en 2019, antes de la polémica generada por un tuit de apoyo a las protestas de Hong Kong, publicado por un ejecutivo de los Houston Rockets, que desencadenó una crisis diplomática y una suspensión inmediata de las transmisiones de la liga en territorio chino. Aquel episodio dejó una herida profunda en una relación comercial valorada en cientos de millones de dólares, pero también abrió una reflexión sobre los límites del deporte y la política en la era global. Seis años después, el regreso no es casual ni improvisado.

Detrás de los reflectores deportivos, se mueve una poderosa estrategia de reconstrucción económica y tecnológica. La NBA firmó un acuerdo con Alibaba Cloud, el brazo tecnológico del conglomerado chino Alibaba, para desarrollar herramientas basadas en inteligencia artificial que mejoren la experiencia de los aficionados y fortalezcan la presencia digital de la liga en el país.

Este acuerdo convierte a Alibaba Cloud en el socio oficial de nube y AI de la NBA China, un movimiento que, según analistas, busca recuperar la confianza de los inversores y abrir nuevos canales de interacción con una audiencia potencial de más de 300 millones de jugadores y seguidores de baloncesto en China. El entusiasmo del público no tardó en hacerse notar: las entradas para los partidos se agotaron en pocas horas y miles de aficionados se reunieron para recibir a los equipos estadounidenses.

En un clima de expectación y reconciliación, la liga más poderosa del mundo ensaya así su regreso al mayor mercado deportivo fuera de Estados Unidos. Para muchos observadores, este no es solo un evento deportivo, sino un gesto diplomático cuidadosamente calculado. La NBA intenta recuperar su influencia en un contexto global donde la relación entre

Washington y Pekín sigue siendo tensa, pero el deporte vuelve a presentarse como un terreno posible de diálogo. Con este regreso, la liga no solo busca puntos en la cancha, sino también en el tablero geopolítico. La jugada está en marcha: el baloncesto, una vez más, se convierte en puente, negocio y símbolo.

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