
El expresidente ruso Dmitri Medvédev lanzó una amenaza explícita de muerte contra el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en un mensaje publicado en Telegram, elevando aún más el nivel de confrontación verbal en la guerra. En su publicación, Medvédev insinuó una muerte violenta del mandatario ucraniano y utilizó un lenguaje deshumanizante que fue ampliamente interpretado como una amenaza directa.
Sus palabras no dejaron margen para la ambigüedad y marcaron uno de los ataques retóricos más extremos desde el inicio del conflicto. Medvédev fue más allá al afirmar que el cuerpo preservado de Zelensky debería ser exhibido públicamente en San Petersburgo, ciudad natal del presidente ruso Vladimir Putin. Hizo referencia explícita a la Kunstkammer, el museo fundado por el zar Pedro I en el siglo XVIII, conocido por albergar colecciones científicas y deformidades humanas.
La comparación provocó una fuerte reacción internacional y fue vista como un intento deliberado de humillación simbólica y propaganda intimidatoria. El exmandatario ruso justificó su ataque verbal afirmando que Zelensky había deseado la muerte de “una persona” durante su discurso de Navidad. Según Medvédev, esa referencia iba dirigida claramente a Putin.
En su mensaje, sostuvo que el presidente ucraniano no solo desearía la muerte de un individuo, sino “la de todos nosotros y la de nuestro país”, acusándolo además de haber ordenado ataques masivos contra territorio ruso. Estas declaraciones fueron emitidas desde su actual cargo como subdirector del Consejo de Seguridad de Rusia, lo que les otorga un peso político adicional. En su discurso del 24 de diciembre, Zelensky había afirmado que si cada ucraniano tuviera un solo deseo personal, probablemente sería “que muera”, sin mencionar ningún nombre.
Aunque el mandatario ucraniano no identificó a la persona a la que se refería, el contexto del conflicto llevó a Moscú a interpretar el mensaje como una alusión directa a Putin. Esta ambigüedad fue utilizada por Medvédev como argumento para intensificar su retórica y escalar el enfrentamiento verbal. La tensión se vio agravada por una nueva acusación rusa sobre un presunto intento de ataque con drones contra la residencia de Putin.
El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, afirmó que Ucrania habría lanzado 91 drones de largo alcance contra la residencia presidencial en la región de Nóvgorod, todos supuestamente derribados sin causar daños ni víctimas. El presidente estadounidense Donald Trump confirmó que fue informado del presunto ataque y expresó su malestar, aunque hasta ahora no se han presentado pruebas verificables de lo ocurrido.
Zelensky rechazó categóricamente las acusaciones y sostuvo que se trata de un pretexto para justificar nuevos ataques rusos contra edificios gubernamentales en Kiev. En casi cuatro años de guerra, ambos bandos han evitado hasta ahora ataques directos contra el jefe de Estado enemigo, pese a que en los primeros días de la invasión rusa en 2022, fuerzas especiales rusas intentaron localizar a Zelensky. Según fuentes ucranianas, numerosos planes de asesinato fueron frustrados, lo que convierte las amenazas actuales en una peligrosa ruptura de una línea que hasta ahora se había mantenido.