
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, acusó al ejército ucraniano de haber atacado con drones una residencia del presidente Vladimir Putin durante la noche del lunes. Según sus declaraciones, un total de 91 drones habrían sido lanzados contra el lugar y todos habrían sido derribados sin causar daños ni víctimas. Sin embargo, Lavrov no presentó pruebas que respalden esta acusación, lo que ha generado dudas inmediatas sobre la veracidad del supuesto ataque.
Diversos elementos contradicen la versión oficial rusa. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) informó que no existen registros geolocalizados que confirmen actividad antiaérea, explosiones, incendios o columnas de humo en las inmediaciones de la residencia presidencial ubicada en la región de Novgorod. A esto se suma que las autoridades locales rusas no respaldaron públicamente las afirmaciones realizadas por el ministro de Exteriores.
El propio gobernador regional, Alexander Dronov, señaló que entre el 28 y el 29 de diciembre fueron derribados 41 drones, una cifra muy inferior a los 91 mencionados por Lavrov. Además, Dronov no afirmó que los drones tuvieran como objetivo específico la residencia de Putin. El Ministerio de Defensa ruso coincidió con la cifra proporcionada por el gobernador, lo que acentuó aún más las inconsistencias en el relato oficial inicial. La residencia de Valdai, donde presuntamente se habría producido el ataque, es conocida por su alto nivel de seguridad.
Imágenes satelitales difundidas por el medio ruso Radio Svoboda muestran que ya en agosto había al menos doce sistemas de defensa antiaérea desplegados alrededor del complejo, número que, según diversas fuentes, habría aumentado desde entonces. Analistas militares señalan que atacar un objetivo tan protegido tendría escasas probabilidades de éxito, lo que hace aún menos plausible la acusación. Otro aspecto que pone en entredicho la versión rusa es el testimonio de residentes de la ciudad de Valdai, quienes, según medios de oposición, aseguraron no haber escuchado actividad de defensa antiaérea durante la noche en cuestión.
Este detalle resulta relevante en una región donde se sabe que existen múltiples unidades destinadas precisamente a ese tipo de respuesta militar. El ISW sugirió que el Kremlin podría estar utilizando el supuesto ataque como argumento para endurecer su postura y rechazar avances en las conversaciones de paz.
El presidente estadounidense Donald Trump fue informado del presunto incidente poco después de haberse reunido con el mandatario ucraniano Volodymyr Zelensky para discutir garantías de seguridad y una posible salida negociada al conflicto. Zelensky calificó las acusaciones de Lavrov como “tonterías” y sostuvo que Moscú no busca el fin de la guerra. Según el liderazgo ucraniano, la narrativa del ataque responde a un intento de frenar el proceso diplomático justo cuando comienzan a surgir señales de progreso.