
Antes de la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, se produjo un intento diplomático de alto nivel para evitar un desenlace violento. En los días previos al ingreso de fuerzas estadounidenses al país, intermediarios internacionales, incluido el Vaticano, exploraron opciones destinadas a sacar al líder venezolano de Caracas con garantías de seguridad y asilo en el extranjero.
La iniciativa, promovida en parte por diplomáticos cercanos a la Santa Sede, contemplaba presentar una propuesta formal a Estados Unidos para facilitar la salida de Maduro, ofreciendo como destino alternativo un país dispuesto a otorgarle asilo político. En estas conversaciones, se mencionó a Rusia como un posible receptor, con la intención de preservar la estabilidad regional y evitar una confrontación abierta. La propuesta habría incluido garantías de seguridad personal respaldadas por líderes de alto rango, en un intento por persuadir al entonces mandatario venezolano de aceptar una salida negociada.
La idea central era encontrar una solución que redujera el riesgo de derramamiento de sangre y mantuviera canales de diálogo entre potencias clave en un momento de alta tensión. Sin embargo, esos intentos no prosperaron. Las negociaciones encontraron obstáculos significativos debido a la postura inflexible de Maduro y a sus preocupaciones sobre las condiciones de exilio, incluida la protección de sus intereses económicos y su estatus personal fuera de Venezuela. Esas dudas llevaron a que rechazara las ofertas planteadas en los entornos diplomáticos.
La caída de esa vía diplomática abrió paso a la opción militar, y semanas después se produjo la operación que resultó en la captura de Maduro por fuerzas de Estados Unidos. Ese giro marcó un punto de inflexión en la crisis venezolana y transformó las expectativas sobre cómo se resolvería la prolongada inestabilidad en el país sudamericano. El contexto de estas negociaciones reflejó también la complejidad de las relaciones entre las grandes potencias y sus intereses en América Latina. Rusia había sido un aliado estratégico de Venezuela durante décadas, colaborando en sectores como energía, armamento y apoyo político frente a presiones externas.
La posibilidad de un asilo en territorio europeo o asiático era una pieza delicada dentro de ese entramado. El papel del Vaticano, en su calidad de mediador histórico en conflictos internacionales, subrayó la intención de algunas partes de evitar una escalada bélica, aunque finalmente esas gestiones no dieron frutos. Las conversaciones revelaron la dificultad de reconciliar objetivos diplomáticos con realidades políticas y personales en el terreno.
Con Maduro ya fuera del poder y enfrentando procesos judiciales en el extranjero, el episodio mediador queda como un capítulo ilustrativo de los esfuerzos fallidos por conjugar soluciones pacíficas en medio de una crisis que combinó elementos políticos, estratégicos y humanitarios en el corazón de la geopolítica regional.



