
Rusia volvió a elevar el tono en el debate internacional sobre el control de armas nucleares, al advertir que Estados Unidos no ha respondido a las propuestas presentadas para ampliar los acuerdos vigentes en materia de estabilidad estratégica. Desde Moscú interpretan ese silencio como una señal política que no puede ser ignorada. El viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov, expresó su malestar durante una visita oficial a Pekín, donde subrayó que la ausencia de una respuesta por parte de Washington constituye, en sí misma, una postura clara.
Según indicó, la falta de diálogo complica cualquier intento de avanzar hacia un nuevo marco de seguridad global. Pese a las críticas, Ryabkov buscó marcar límites al discurso ruso, asegurando que Moscú no tiene intención de iniciar una nueva carrera armamentística ni de provocar una escalada innecesaria de tensiones internacionales. El mensaje apunta a transmitir contención, al menos en el plano declarativo. No obstante, el diplomático reconoció que la modernización de la tríada nuclear rusa se encuentra en una fase avanzada.
Este proceso incluye el fortalecimiento de los sistemas de lanzamiento terrestre, submarino y aéreo, considerados pilares de la capacidad de disuasión estratégica del país. Desde Moscú insisten en que estas actualizaciones no representan una ruptura del equilibrio, sino una respuesta a los cambios tecnológicos y al contexto de seguridad global. En ese marco, Rusia sostiene que mantener una capacidad creíble de disuasión es un elemento central de su política de defensa. Ryabkov también dejó abierta la puerta a una eventual reanudación de las negociaciones sobre control de armas, aunque dejó claro que cualquier avance dependerá de un entorno político más favorable y de compromisos concretos por parte de Estados Unidos.
Un punto clave del desacuerdo gira en torno a China. Washington ha expresado su interés en incluir a Pekín en un futuro tratado multilateral de armas estratégicas, una propuesta que el gobierno chino ha rechazado de manera reiterada. Rusia, por su parte, ha manifestado su respaldo a la posición china, argumentando que no es viable forzar la inclusión de terceros países en acuerdos que históricamente han sido bilaterales.
Moscú considera que esta exigencia estadounidense dificulta la reactivación del diálogo. El cruce de posturas refleja un escenario internacional cada vez más fragmentado, donde la desconfianza y la competencia estratégica complican los mecanismos tradicionales de control y verificación. Mientras tanto, el futuro de los acuerdos de desarme sigue siendo incierto, en un contexto donde las grandes potencias buscan preservar su seguridad sin renunciar a sus intereses estratégicos fundamentales.



