
La directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, lanzó el martes una seria advertencia al declarar que el rápido aumento de aranceles a las importaciones en todo el mundo está provocando la disrupción más grave de las normas del comercio global desde la posguerra. Según el último informe de la OMC, la proporción del comercio mundial realizado bajo el marco de la cláusula de nación más favorecida (NMF) —un sistema diseñado para garantizar un trato equitativo y previsible para todos los miembros— ha caído de cerca del 80% en los últimos años a apenas un 72% en la actualidad.
Esta fuerte disminución refleja un debilitamiento del compromiso con las reglas multilaterales y un giro hacia políticas proteccionistas que amenazan con socavar la estabilidad de las cadenas de suministro globales. Si bien la OMC elevó modestamente su proyección de crecimiento del comercio para 2025 del 0,2% al 0,9%, Okonjo-Iweala advirtió que estas cifras no deben interpretarse como una señal de recuperación.
Subrayó que el verdadero impacto económico de los aranceles suele aparecer con retraso, ya que las empresas primero dependen de inventarios existentes antes de enfrentar mayores costos de insumos, disrupciones en el abastecimiento y medidas de represalia. “Estamos enfrentando una fragmentación sin precedentes del sistema comercial basado en reglas”, dijo, agregando que si las tendencias actuales continúan, el mundo podría entrar en 2026 con una economía global más fracturada y volátil que en cualquier otro momento de la historia moderna.
Los efectos en cadena de los aranceles ya se sienten en sectores específicos. India presentó recientemente una queja formal contra Estados Unidos por un arancel del 50% a las importaciones de cobre, argumentando que la medida viola las obligaciones de la OMC y penaliza injustamente a sus exportadores. Otros países, incluidos miembros de la Unión Europea y de América Latina, también están evaluando posibles acciones legales o considerando la imposición de aranceles de represalia.
Los analistas advierten que la propagación de medidas comerciales unilaterales corre el riesgo de desatar una reacción en cadena, con cada nación intentando proteger sus industrias a expensas del sistema más amplio. Más allá de las disputas comerciales inmediatas, los economistas señalan una preocupación más profunda: la erosión de la confianza en la capacidad de la OMC para hacer cumplir sus reglas.
Con las rivalidades geopolíticas en aumento, algunos gobiernos ven los aranceles no solo como herramientas económicas, sino como instrumentos de influencia estratégica. Este cambio ha llevado a la percepción de que el sistema comercial global ya no es neutral, sino cada vez más politizado. Si no se controla, advirtió Okonjo-Iweala, la combinación de nacionalismo económico y tensiones comerciales crecientes podría transformar permanentemente la estructura del comercio mundial.
Para las empresas, la incertidumbre es palpable. Las corporaciones multinacionales están reconsiderando cadenas de suministro establecidas desde hace mucho tiempo, diversificando a nuevos socios e incluso acercando la producción a sus países de origen para mitigar riesgos.
Tales movimientos pueden proteger a firmas individuales, pero colectivamente contribuyen a la ineficiencia, a un aumento de los precios al consumidor y a un menor crecimiento global. A medida que el debate sobre los aranceles se intensifica, el futuro de la economía mundial parece cada vez más incierto, con la OMC luchando por preservar su papel central en un escenario internacional cada vez más fragmentado.