
En Estados Unidos han entrado en vigor nuevos aranceles globales del diez por ciento, una medida que refleja la creciente tensión comercial y la búsqueda de proteger industrias nacionales frente a la competencia extranjera. El presidente estadounidense, Donald Trump, firmó la disposición ejecutiva correspondiente el viernes pasado, y desde la medianoche en Washington (6 a.m. CET) los gravámenes están oficialmente en vigor.
Tan recientemente como este fin de semana, Trump indicó que podría elevar la tasa arancelaria al 15 por ciento, aunque hasta ahora no existe una orden formal para ese incremento. Según un funcionario gubernamental, la Casa Blanca está elaborando una regulación que formalizaría el aumento al 15 por ciento, según informa la agencia de noticias Bloomberg.
El calendario para la aplicación de esa tasa más alta aún no se ha definido. Los nuevos aranceles del 10 por ciento abarcan una amplia gama de bienes importados y se aplican de manera global, lo que podría tener un impacto significativo en el comercio internacional y en las cadenas de suministro ya tensas por conflictos geopolíticos y dinámicas económicas postpandemia.
La medida se produce en un momento de intensas disputas comerciales entre Estados Unidos y varios socios clave, incluyendo la Unión Europea, China y economías emergentes. Analistas sostienen que un aumento adicional al 15 por ciento podría profundizar las fricciones y generar respuestas simétricas de otros países.
Desde Washington, la administración Trump argumenta que estos aranceles protegen sectores estratégicos de la industria y fomentan la producción interna, aunque críticos advierten que podrían traducirse en mayores costos para consumidores y empresas estadounidenses.
Hasta el momento, no hay un cronograma claro para la entrada en vigor del posible arancel del 15 por ciento, pero los mercados y los actores comerciales observan con atención cualquier desarrollo, conscientes de que esta política podría afectar el comercio global en el corto y mediano plazo



