
Las terapias digitales están creciendo con fuerza y comienzan a consolidarse como una alternativa real a la atención psicológica tradicional. En varios países, plataformas certificadas permiten a los pacientes realizar sesiones y seguimientos clínicos desde el celular, con herramientas de autocontrol emocional y apoyo inmediato.
La pandemia aceleró su adopción, pero ahora su uso continúa aumentando incluso en regiones donde antes no existían servicios psicológicos estables. El avance es importante porque millones de personas enfrentan depresión, ansiedad o estrés crónico sin acceso a terapias presenciales. Las soluciones digitales permiten reducir tiempos de espera, eliminar barreras geográficas y ofrecer apoyo las 24 horas.
Además, la evidencia médica muestra mejoras comparables a la terapia presencial en ciertos trastornos, lo que fortalece su credibilidad en sistemas de salud público-privados. Lo que viene ahora es una regulación más estricta, la integración a seguros médicos y el desarrollo de plataformas multilingües que llegarán a comunidades vulnerables.
Expertos advierten que la clave será mantener la calidad clínica para evitar aplicaciones que prioricen el negocio sobre el bienestar. La expectativa es que, en pocos años, las terapias digitales sean parte rutinaria del cuidado mental global.



