
La preocupación por el sedentarismo en adultos mayores continúa en aumento, según advierten especialistas en salud, quienes señalan que la falta de actividad física se ha convertido en un factor de riesgo silencioso para múltiples enfermedades. A medida que avanza la edad, la reducción del movimiento cotidiano, combinada con rutinas prolongadas en el hogar y menor interacción social, contribuye al deterioro de la movilidad, la pérdida de masa muscular y un mayor riesgo de afecciones cardiovasculares, metabólicas y articulares.
Este fenómeno no solo afecta la salud física, sino también el bienestar emocional y la autonomía personal. Los expertos explican que el sedentarismo en esta etapa de la vida suele estar asociado a factores como el miedo a las caídas, enfermedades crónicas, dolor persistente o la falta de espacios adecuados para el ejercicio. Sin embargo, advierten que incluso niveles moderados de actividad, como caminatas diarias, ejercicios de estiramiento o rutinas adaptadas, pueden generar beneficios significativos.
La inactividad prolongada, por el contrario, acelera la fragilidad, aumenta el riesgo de dependencia y reduce la calidad de vida en el largo plazo. De cara al futuro, los profesionales de la salud subrayan la importancia de promover hábitos activos adaptados a las capacidades individuales de cada persona mayor. Programas comunitarios, acompañamiento médico y el apoyo del entorno familiar son clave para incentivar el movimiento de forma segura y constante. En un contexto de envejecimiento poblacional, combatir el sedentarismo se presenta como un desafío prioritario para proteger la salud, la dignidad y la independencia de los adultos mayores.



