
La falta de sueño se consolida como uno de los riesgos silenciosos más relevantes para la salud cardiovascular, según advierten especialistas y estudios recientes. Dormir menos de las horas recomendadas de forma habitual altera funciones esenciales del organismo, como la regulación de la presión arterial, el metabolismo y el equilibrio hormonal, incrementando el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas.
Aunque sus efectos no siempre se perciben de inmediato, el descanso insuficiente actúa de manera progresiva, debilitando el sistema cardiovascular y aumentando la probabilidad de hipertensión, arritmias y eventos coronarios. Los expertos señalan que el estilo de vida moderno ha normalizado el descanso deficiente, impulsado por jornadas laborales extensas, uso excesivo de pantallas, estrés crónico y hábitos irregulares de sueño.
Esta combinación mantiene al cuerpo en un estado constante de alerta, impidiendo una recuperación adecuada durante la noche. Además, la falta de sueño suele estar asociada a otros factores de riesgo, como mala alimentación, sedentarismo y problemas de salud mental, lo que agrava aún más su impacto en el corazón. De cara al futuro, los profesionales de la salud insisten en la necesidad de considerar el sueño como un pilar fundamental de la prevención cardiovascular, al mismo nivel que la alimentación equilibrada y la actividad física.
Promover rutinas de descanso saludables, reducir la exposición a estímulos digitales antes de dormir y atender de forma temprana los trastornos del sueño puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida y en la reducción de enfermedades cardíacas. En un contexto donde el cansancio se ha vuelto cotidiano, recuperar el valor del buen descanso se presenta como una inversión clave para la salud a largo plazo.



