
El aumento del estrés y la ansiedad se ha convertido en una preocupación creciente para los sistemas de salud, en un contexto marcado por la incertidumbre económica, el alto costo de vida y la inestabilidad laboral. Especialistas en salud mental advierten que la presión constante por mantener ingresos suficientes, afrontar deudas y cubrir necesidades básicas está generando un impacto directo en el bienestar emocional de millones de personas.
Esta situación se manifiesta en síntomas como insomnio, irritabilidad, fatiga crónica y dificultades de concentración, que afectan tanto la vida personal como el rendimiento laboral. Los profesionales de la salud señalan que la ansiedad vinculada a factores económicos no solo afecta a quienes atraviesan situaciones financieras críticas, sino también a sectores de ingresos medios que experimentan una sensación permanente de inseguridad.
La exposición constante a noticias negativas, la inflación persistente y la percepción de un futuro incierto refuerzan estados de alerta prolongados, que pueden derivar en trastornos de ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental si no se abordan a tiempo. En muchos casos, estas condiciones permanecen subdiagnosticadas, lo que retrasa el acceso a apoyo profesional.
De cara al futuro, los expertos insisten en la importancia de reforzar las estrategias de prevención y contención emocional, tanto a nivel individual como comunitario. Promover el acceso a servicios de salud mental, fomentar hábitos saludables y generar espacios de diálogo se vuelve clave para mitigar el impacto del estrés económico. En un escenario donde la incertidumbre continúa, cuidar la salud mental se presenta como un componente esencial del bienestar general y de la resiliencia social.



