
Un descubrimiento realizado hace más de un siglo ha vuelto a captar la atención del público por su magnitud y singularidad. Bajo el suelo de Estados Unidos, específicamente en el estado de Tennessee, se encuentra uno de los mayores lagos subterráneos conocidos del país, un hallazgo que fue realizado de manera inesperada por un chico de apenas 13 años a comienzos del siglo XX.
El joven, llamado Ben Sands, exploraba en 1905 un sistema de cuevas conocido hoy como Craighead Caverns cuando logró atravesar una estrecha abertura que conducía a una enorme cámara subterránea inundada. Allí se encontró con una masa de agua de dimensiones sorprendentes, que más tarde sería conocida como The Lost Sea (El Mar Perdido). Aunque popularmente se lo ha descrito como un “mar subterráneo”, los expertos aclaran que se trata en realidad de un lago de agua dulce ubicado dentro de un extenso sistema de cavernas.
Sin embargo, su tamaño es extraordinario: la parte actualmente cartografiada cubre más de 18.000 metros cuadrados, lo que lo convierte en el lago subterráneo no glacial más grande de Estados Unidos. Uno de los aspectos más intrigantes del lago es que su extensión total aún no ha sido completamente determinada. Exploraciones posteriores con equipos de buceo y tecnología moderna han detectado túneles y cámaras adicionales bajo el agua, pero la complejidad del sistema ha impedido establecer con precisión dónde termina. El hallazgo no solo tiene valor científico, sino también histórico y cultural.
Durante siglos, las cuevas fueron utilizadas por comunidades indígenas y más tarde por colonos, soldados confederados y exploradores, lo que convierte al sitio en un testimonio vivo de distintas etapas de la historia estadounidense. Con el paso del tiempo, Craighead Caverns se transformó en un atractivo turístico abierto al público. Hoy, visitantes de todo el mundo pueden recorrer parte del sistema de cuevas y navegar en pequeñas embarcaciones sobre la superficie del lago, lo que permite apreciar de cerca un fenómeno natural único.
Científicos y geólogos continúan estudiando el lago para comprender mejor su origen, su conexión con acuíferos subterráneos y su posible extensión. Estos estudios buscan responder preguntas clave sobre la formación de cavidades subterráneas y la circulación del agua en el interior de la Tierra. Más allá de los titulares llamativos, el llamado “mar subterráneo” es un recordatorio de cuánto queda aún por descubrir bajo nuestros pies. Un hallazgo realizado por la curiosidad de un adolescente demuestra que incluso en tiempos modernos, la exploración y el asombro siguen siendo motores fundamentales del conocimiento humano.



