
Estados Unidos parece tener grandes planes para la Franja de Gaza una vez concluido el conflicto bélico. De acuerdo con un informe publicado por el Washington Post, la administración del presidente Donald Trump estaría trabajando en un proyecto de 38 páginas que prevé nada menos que el reasentamiento temporal de los casi dos millones de palestinos que habitan el enclave costero, bajo el argumento de llevar adelante una reconstrucción completa de la región.
Según este plan, Washington asumiría el control directo de la Franja de Gaza durante al menos diez años. El proyecto, bautizado como Gaza Reconstitution, Economic Acceleration and Transformation Trust (Great Trust), contempla convertir la devastada Franja en un espacio turístico y tecnológico de primer nivel, una especie de “Riviera del Medio Oriente”.
La propuesta prevé la construcción de centros de datos, fábricas de autos eléctricos, complejos hoteleros y ciudades inteligentes financiadas a través de una combinación de inversión pública y privada. Durante el proceso, los residentes de Gaza serían instados a salir “voluntariamente” hacia terceros países o reasentarse en áreas seguras dentro de la franja. Aquellos que abandonen sus hogares recibirían tokens digitales, con los que podrían iniciar una nueva vida en otro lugar o intercambiarlos por departamentos en las nuevas urbes planificadas.
Trump había generado indignación internacional a inicios de 2024 al anunciar que Gaza quedaría bajo control estadounidense y se transformaría en un polo turístico y tecnológico. Países árabes y europeos rechazaron de inmediato la idea, calificándola de neocolonial y violatoria del derecho internacional. Israel, sin embargo, reaccionó de manera distinta: el primer ministro Benjamin Netanyahu elogió públicamente la iniciativa, argumentando que sería una oportunidad histórica para “desradicalizar” el enclave. El plan establece que, después de una década de administración por parte del Great Trust, la Franja de Gaza pasaría a manos de una autoridad palestina reformada y “desradicalizada”, capaz de garantizar la estabilidad y de evitar el resurgimiento de grupos como Hamas.

No obstante, el origen del documento es también objeto de polémica: de acuerdo con el Washington Post, fue elaborado por israelíes vinculados a la Fundación GHF, una organización respaldada por Washington que recientemente sustituyó a agencias de la ONU en la distribución de ayuda humanitaria. Desde que la GHF asumió ese rol, más de mil personas que buscaban asistencia han muerto en incidentes violentos cerca de sus instalaciones, según cifras de Naciones Unidas.
El debate sobre este plan ocurre en el contexto de un conflicto devastador. La guerra en Gaza comenzó el 7 de octubre de 2023 tras el ataque masivo de Hamas y grupos militantes palestinos contra Israel, que dejó 1.219 muertos y 251 rehenes según datos israelíes. Desde entonces, la ofensiva militar israelí ha sido constante. De acuerdo con las autoridades de Hamas —cifras imposibles de verificar de manera independiente— más de 63.400 palestinos han muerto como resultado de los ataques.
El futuro de Gaza sigue siendo incierto. Para críticos y analistas, el proyecto estadounidense no solo representa un plan de reconstrucción, sino un rediseño geopolítico que reconfiguraría la región bajo parámetros dictados desde Washington y Tel Aviv. Para otros, es un intento de borrar el carácter palestino del enclave a cambio de una “modernización” que podría consolidar aún más la fractura política y social en Medio Oriente.