
Un equipo internacional de científicos ha identificado un posible tratamiento para frenar el avance del Alzheimer utilizando dosis bajas de litio, un elemento químico común presente en el agua y en ciertos alimentos.
El estudio, publicado recientemente en la revista Neurotherapeutics, revela que el litio, conocido por su uso en el tratamiento de trastornos del estado de ánimo, podría desempeñar un papel clave en la reducción de la acumulación de proteínas beta-amiloide y tau fosforilada en el cerebro, dos de los principales marcadores patológicos de esta enfermedad neurodegenerativa.
Según los investigadores, en modelos animales y cultivos celulares el litio no solo disminuyó la formación de estas proteínas tóxicas, sino que también mostró un efecto protector sobre las neuronas, mejorando la comunicación entre las células cerebrales y reduciendo la inflamación neuronal.
A diferencia de las dosis altas utilizadas en psiquiatría, que pueden provocar efectos secundarios significativos, este enfoque se basa en concentraciones muy bajas, consideradas seguras y bien toleradas por el organismo.
Los expertos destacan que esta estrategia podría tener un impacto positivo en las etapas tempranas del Alzheimer, retrasando la progresión de la enfermedad y mejorando la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, advierten que, aunque los resultados iniciales son prometedores, aún es necesario realizar ensayos clínicos a gran escala en humanos para confirmar la eficacia y seguridad del litio en este nuevo contexto terapéutico.
El Alzheimer, que afecta a más de 50 millones de personas en todo el mundo, carece actualmente de una cura definitiva, y los tratamientos existentes solo logran aliviar parcialmente los síntomas. Este descubrimiento abre una nueva línea de investigación que podría transformar el enfoque clínico hacia esta patología, ofreciendo una esperanza real para millones de familias que conviven con la enfermedad.



