
Las lágrimas asoman a los ojos de Lourdes, de 62 años, mientras permanece de pie frente al Hospital Hermanos Ameijeiras en Centro Habana. Lleva bata blanca y un estetoscopio colgado al cuello, como si aún defendiera con orgullo una vocación que marcó toda su vida. Frente a ella se levanta el imponente edificio de 25 plantas y 112 metros de altura, un coloso que alguna vez simbolizó lo mejor de la medicina cubana.
Cuando el hospital fue inaugurado en 1982, era presentado como el centro médico más moderno del país. Representaba el rostro más visible de un sistema sanitario que se promovía como modelo en América Latina. Tecnología avanzada para su época, especialidades de alto nivel y un cuerpo médico altamente capacitado lo convirtieron en referencia nacional e internacional.
Durante años, el Ameijeiras fue sinónimo de excelencia clínica. Las cirugías complejas, la formación especializada y la atención médica gratuita eran pilares de un proyecto sanitario que aspiraba a demostrar que la salud podía ser un derecho universal garantizado por el Estado. Para muchos profesionales, trabajar allí era un honor. Pero el paso del tiempo y las dificultades económicas han dejado huella en el edificio y en el sistema que representa. El mantenimiento constante que requiere una estructura de esa magnitud se ha vuelto más complejo en un contexto de limitaciones materiales y escasez de recursos.
Las crisis económicas acumuladas, el endurecimiento de sanciones externas y los desafíos internos han impactado la infraestructura hospitalaria. Equipos médicos que alguna vez fueron de vanguardia requieren actualización, y la reposición de insumos no siempre es inmediata. El contraste entre el pasado glorioso y el presente más austero se percibe en detalles cotidianos. Para Lourdes y otros profesionales que vivieron la época de mayor esplendor, el hospital sigue siendo un símbolo. No solo de medicina, sino de un ideal.
Sin embargo, reconocen que mantener aquel estándar se ha vuelto cada vez más difícil en medio de un entorno económico adverso. Pacientes y médicos continúan acudiendo al centro, que aún desempeña un papel clave dentro del sistema sanitario cubano. A pesar de las limitaciones, el hospital mantiene servicios especializados que no existen en otros centros del país, lo que refuerza su importancia estratégica. El edificio, visible desde distintos puntos de La Habana, permanece como monumento físico a una etapa de ambición sanitaria y orgullo nacional.
Su silueta vertical recuerda un momento en que el discurso oficial hablaba de modernidad médica y autosuficiencia tecnológica. Hoy, el Hermanos Ameijeiras representa una realidad más compleja. Ni mito intacto ni ruina absoluta, sino un espacio donde conviven memoria, resiliencia y desafíos estructurales. Para Lourdes, cada mirada al edificio es una mezcla de nostalgia y esperanza: la esperanza de que, algún día, vuelva a reflejar plenamente la excelencia que alguna vez prometió.



