
Visitantes recorrieron un parque de atracciones en las afueras de Pekín mientras impresionantes faroles iluminados anunciaban la proximidad de las celebraciones del Año Nuevo Lunar. Entre las figuras más llamativas destacó un farol en forma de caballo, símbolo de energía, fuerza y prosperidad en la tradición oriental. Las luces multicolores transformaron el espacio en un escenario vibrante que combinó tradición y modernidad.
Familias y turistas caminaron entre las instalaciones decorativas, capturando fotografías y disfrutando del ambiente festivo que ya comienza a sentirse en distintas regiones del país. La preparación para el Año Nuevo Lunar suele iniciarse semanas antes de la fecha oficial. Calles, parques y centros culturales se llenan de ornamentos que evocan renovación, esperanza y buenos deseos para el ciclo que comienza.
El caballo, dentro del calendario zodiacal chino, representa dinamismo, determinación y espíritu libre. Su presencia en las decoraciones no solo embellece el entorno, sino que también transmite un mensaje simbólico de optimismo para el año venidero. Más allá del aspecto cultural, estas celebraciones generan un importante movimiento turístico y comercial. Espacios recreativos y urbanos aprovechan la ocasión para ofrecer espectáculos visuales que atraen a miles de visitantes.
Al caer la noche, los faroles iluminados crean una atmósfera casi mágica, recordando la profundidad histórica de las tradiciones que aún mantienen vigencia en la sociedad contemporánea.
El Año Nuevo Lunar es uno de los acontecimientos más significativos en Asia, marcado por reuniones familiares, comidas tradicionales, fuegos artificiales y actos públicos que celebran el inicio de un nuevo ciclo. Las imágenes de Pekín anticipan una temporada festiva que une pasado y presente, reafirmando la riqueza cultural de una celebración que continúa evolucionando sin perder su esencia.



